Tres mujeres y dos hombres. Todos mayores de 70 años. Empieza el juego con la subasta de la primera carta. Una de las mujeres la lee:

«Es una maravilla poder comer fresas en cualquier época del año» 

Todos miran la foto de la carta. Un cuenquito a rebosar de brillantes fresas de un rojo intenso y detrás de ellas, un bol de untuosa nata. Un hombre sonríe y declara ‘me encantan las fresas’. Cada jugador toma de su bolsa los cronos que quiere apostar. Nuestro hombre coge una cantidad considerable. Todos ponen sus puños cerrados sobre la mesa. 1, 2 y 3, se abren. Nuestro amigo tiene 9 cronos, es el que más apuesta. Se lleva la carta y con ella, sus consecuencias. Ha conseguido un ala en Libertad. Pero también tiene tres pesos, en Subsistencia, Afecto y Entendimiento. Su cara cambia. Le gustan las fresas y las quiere en cualquier época del año, pero no pensaba que esto diera pesos. Se queda sorprendido y lee la trasera de la carta:

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«A veces nos dejamos seducir por pequeños placeres sin pensar en las consecuencias. En España importamos 1,6 millones de toneladas de fruta al año, ¿es necesario? Transporte, frigoríficos y empaquetamiento dañan el medio ambiente»

‘No lo había pensado, pero a mí me siguen gustando las fresas’, les dice a los demás jugadores mientras coloca 2 venenos en el Bien Común. Una de las mujeres hace una mueca y le espeta ‘pues habrá que ir pensando en la fruta de temporada, ¿no?’…

¡El debate está servido!

Y seguimos generándolo en Villacarriedo, Santillana del Mar, Carrejo, Cabezón de la Sal, Camargo, Reinosa, Santander,…

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